Apoyás la cabeza en la almohada. Te acomodás para intentar dormir. El sueño no te llega. Diversas cosas te tientan a pensar. Te dejás llevar. Pensás...
¿Para qué estás acá? ¿Por qué te relacionaste con esa persona? ¿Por qué dudás? ¿Estás bien? ¿La otra persona lo está? ¿Qué pasaría si decidieras borrarte del mapa? ¿Quién te extrañaría? ¿Por qué?
Vivís en lo que creés que es una mentira. No sos sincerx con vos mismx. No son sincerxs con vos. No sabés si los sentimientos son compartidos del todo. Querés preguntar pero un algo en el más allá de tu capacidad no te deja. Dudás. Amás. Reís. Llorás. Pero no preguntás. Vivís. ¿Vivís? ¿Creés que vivís? ¿Tu vida es una persona ajena? ¿Tu vida sos vos? ¿Qué es tu vida? ¿Existís?
A veces quisieras que no. Lastimás. Intentás reparar. Perdés. Volvés a intentar. Probablemente vuelvas a perder. Querés seguir intentando. Pero el tiempo se te acaba, al igual que las oportunidades.
Te cansás.
Te cansás de que los pensamientos te invadan y te impidan dormir. Querés dormir. Tenés sed. Tenés calor. No sabés qué debés hacer. Esperás respuestas que nunca van a llegar.
Llorás. Llorás por algún motivo que desconocés. Llorás por miedo. Por inseguridad.
La espalda te duele. Los nudos se te acumulan en la garganta. La respiración se te entrecorta. Llorás.
Llorás como si llorar solucionara algo. Llorás porque no sabés qué otra cosa podés hacer.
Seguís llorando. Te dormís.
Para siempre.
Pero, aún así, sabés que nunca nadie te hizo sentir así. Amás y llorás. Todo junto.
Llorás, llorás y llorás. Nadie te ve. Nadie te escucha. Nadie te abraza.
Te dormiste para siempre y nunca pudiste despejar todos tus sentimientos al mundo.