martes, 25 de marzo de 2014

Ya que estoy en el blog, me voy a dedicar a hablar del mismo. Nunca hablé del blog, hasta hoy.

Sinceramente, odio el blog. Pero es el único lugar donde puedo contar boludeces. Y, si se fijan mis entradas anteriores, o sea, las primeras, era una Carla completamente diferente. Eso es lo que me gusta del blog.

Creo nunca haber eliminado una entrada, lo que permite que el blog crezca conmigo. Hasta yo misma puedo ver cómo cambié, cómo me sentía, qué me pasaba y demás. Por más de que mi memoria de queso no ayude y me olvide un par de cosas, pero es lindo ver mi evolución.

El blog siempre está. Siempre me va a dejar este lienzo blanco y me va a dejar mancharlo con mis letritas. El blog siempre me va a dejar apreciar todas mis pequeñeces y la capacidad que tengo para expresarme en este lugarcito.

Ojalá nunca me olvide de que existe. Ojalá nunca deje de actualizarlo.

Siendo sincera, el otro día terminé de leer un blog de una chica que me interesó bastante. Y, al terminarlo, me sentí vacía. Estaba llena de preguntas: ¿cómo estará la chica ahora?, ¿seguirá con sus problemas?, ¿seguirá estudiando?, ¿sigue viviendo sola?, etc. Fue un blog realmente interesante. Ojalá la chica esté bien, y no esté pasando sus problemas con familiares, amigos y la droga.

Solamente yo para sentirme así por terminar una historia ajena.

Los blogs me llenan.