martes, 25 de marzo de 2014

No sé qué me pasa. Por ahí yo soy la perseguida y nada que ver. Me siento excluida, siento que sólo me buscan para cuando necesitan. En general. No sé en qué personas confiar y en quiénes no. Es más, creo que no tengo amigxs. Dos o tres, como mucho. Y, lo peor, gente que quisiera tener cerca, está lejos.

No es que no me sienta querida, pero me siento un tanto criticada a espaldas. Y me preocupa un poco. Me persigo o no sé. Agradezco con todo mi corazón que sea el último año de secundaria. Ya más o menos voy viendo a quiénes seleccionar. Gente que, CREO, vale la pena.

Hoy llegué con el nuevo amigo que tapa mi frente y no fui recibida mal. Pero leí algo en un flash. Por ahí leí mal, no sé. Pero la duda nunca me va a dejar. Y de la persona que lo leí, no me extrañaría. Estamos todas raras. Y creería que para mal.

Más allá de eso, me siento pelotudeada. No es novedad, pero siento que siempre confío en todxs, pero nadie confía en mí. A su vez, no tengo con quién juntarme a llorar desconsoladamente, me de el hombro y me diga que todo va a estar mejor.

Solamente quiero ser esa minitah que cualquier corte de pelo le sienta bien, que no tiene problemas, que tiene levante y es buena onda.

Pero después pienso que, ese tipo de gente, es la gente que odio. Esa gente cheta que tiene todo regalado. Esa gente que vive todo con tanta facilidad. Lxs odio mucho.

No sé.

Quiero renovar mi ambiente. Conocer nueva gente. Trabajar, conseguir mis propiar cosas con mi propio esfuerzo. En otras palabras, ser una persona un tanto más dependiente.

Creo que si sigo escribiendo, voy a terminar llorando, a las 8.30 de la noche. Y no voy a poder explicar nada. Porque no quiero dar explicaciones. Quiero quedarme en mi cama, llorando en silencio.
Quizás en posición fetal.

ME HACEN MAL.