miércoles, 5 de febrero de 2014

No sé a dónde querés llegar. No sé a dónde te pensás que podés llegar.
No sé a dónde te pensás que podés llegar a llegar.
No sé. Pero, siendo sincera, vos tampoco sabés.
Nadie sabe. O por ahí unos pocos.
Repito, no sé.

Inhalo. Exhalo.
¡Qué buen momento para fumarme un Benson!
Sólo que está soleado, y los cigarrillos son como las tortas fritas:
van con los días nublados.
Tampoco sé a dónde puedo llegar escribiendo acá sobre lo que vos escribís.
Yo escribo, sí. Y vos también.
Quizás un tanto mejor que yo. O mucho mejor que yo.
¿Quién sabe? ¿No era que nadie sabía?

Llegar, escribir, opinar. Eso hacés. Igual que yo.
Y que todos. Pero, ¿a dónde querés llegar?
Hablando de lo que no viviste, de lo que no viste...
y no vas a ver nunca.
Ni yo tampoco. Por eso no hablo.
Ni opino.
O por ahí sí opino, pero no exteriorizo por miedo.
Por el poco respeto a lo que uno opina, piensa, dice, escribe.

Parece una dictadura interna, ¿no?
No sé. Y vos tampoco.
Porque yo soy yo. Y vos sos vos.
Como él es él, y ella es ella.
Como todxs somos todxs,
y nadie es nadie.

Todxs opinamos. Nadie respeta.
Escribimos, y nadie nos lee.
Ah, no, cierto que esa soy yo, nomás.

- Hola, dame unos Benson box y un encendedor...me olvidé el mío en casa.
Mentira, mi mamá no sabe que fumo.