miércoles, 9 de octubre de 2013

Cada ratito que pasa, es tiempo. Y ese tiempo es perdido. Ya pasó. Y volvió a pasar.
El tiempo es, creo yo, lo único que no vuelve.
El tiempo es el que nos organiza.
El tiempo es lo que pasa.
El tiempo es nuestra pérdida más grande.
El tiempo es relativo. Lo más relativo.
El tiempo es el que nos pone ansiosos, nerviosos.
El tiempo es el tiempo.
Sin querer, estoy y sigo perdiendo tiempo.
Pierdo el tiempo yendo de pestaña en pestaña, tipeando, escuchando boludeces, cambiándome de posición, llorando por dentro, escribiendo. Pierdo tiempo con todo.

Pero, entonces, ¿cuándo es mi tiempo?
Cuando disfruto escuchar la lluvia fumando un Philip Morris sin mentolar.
Cuando escucho una buena canción de fondo. O a todo lo que da.
Cuando me río.
Cuando leo un buen libro.
Cuando pienso.
Cuando no hago nada y pierdo tiempo.
Cuando lloro por una razón.
Cuando me encuentro conmigo misma.
Cuando no estás.
Cuando la casa me deja sola.
Cuando camino a donde sea.
Cuando miro por la ventana del bondi y me piden el asiento.
Cuando me como las uñas.
Cuando cierro los ojos
y me olvido de todo.
Hasta del tiempo que pierdo y su relatividad.

Tic-tac, tic-tac.