martes, 11 de diciembre de 2012

Capítulo 2.

¿Qué iba a pasar a partir de ahora? ¿Cómo seguir con lo que yo misma decidí empezar? No sabía.
El paso más difícil fue hablar con mis viejos. Tenían que saberlo. Por suerte, no fue tomado tan mal. Eso era una buena señal.

Comenzamos a vernos todos los fines de semana. Era algo muy raro, me atrevo a decir. La primera salida fue muy rara. Es decir, andar de la mano, besarte con una persona que, hasta hace unos días, era tu amigo. Ninguno de los dos estaba acostumbrado, creo. Fue algo inexplicable. Pero no la pasamos mal.
Me acuerdo que mentí para poder salir con el ese día. Qué estúpida. Nunca se lo conté a el. No tenía idea de un porcentaje de las cosas que hacía en esa época.

Poco a poco, le empecé a tomar el gusto a verlo seguido. Venía a mi casa, salíamos por ahí, lo normal. Estaba completamente segura de que la relación iba a durar absolutamente nada. Por lo visto, tenía a la vida de mi lado. Era todo felicidad, sonrisas y todas esas pelotudeces que se le asemejen. Con tan corta edad ¿Por qué no serlo?.

En mi casa, era recibido como una persona importante: se limpiaba todo, tenía que estar todo ordenado, tenía que haber algo para comer a la tarde, todo. Si se quedaba a comer, se ponían los platos esos antiguos de porcelana que eran de mi abuela. Todo como si en mi casa estuviera el Papa o alguien así de importante. Cosa que, dentro de unos meses, cambiaría.
No era algo emocionante la relación. Era estar sentados la mayoría del tiempo en la computadora, como dos  idiotas. No sabíamos que hacer. Tenía que haber un cambio, el cual se dio por mis acciones.

- ¿Sabés algo? Ahora que lo pienso, nunca me...tocaste...-dije de manera muy nerviosa-.
- ¿Por qué debería hacerlo? Yo te tengo un cierto respeto.
- Me gusta que me respetes, pero también me gustaría que, a veces, rompas ese respeto. No se, digo...
- Jajaja, sos muy tierna diciendo esas cosas. Ay, ay, ay, las cosas que me pedís...
- Ya se, pero, que se yo, podrías...

El momento fue algo incómodo, pero por lo menos le di el pie a lo que llegó un tiempo después.

Una semana antes de llegar al primer mes, me visitó. Ya era costumbre: Sábados a las tres de la tarde. Ese día, nos habíamos quedado solos en mi casa. Fuimos a mi habitación. Nos acostamos. Lo que pasó en ese tiempo, fue mi primera experiencia sexual. Sí. No se cómo fue que me animé, pero ya estaba. Fue raro, pero parecía gustarnos a los dos. No quise tomarle el gusto, pero fue en vano. Cada tiempo libre que teníamos solos, tiempo que aprovechábamos. Eramos dos adictos a 'eso'. Sexo no se lo podía llamar.

Y acá es cuando la historia se empieza a poner entretenida.