martes, 4 de diciembre de 2012

Capítulo 1.

Hay veces que parece raro encontrarte con alguien que nunca viste personalmente. Eso fue lo que hice. No me acuerdo bien de la fecha, pero será hace unos tres años atrás. Yo, una boluda de corta edad. El, un tipo más grande que yo y un poco llamativo a mi parecer. Del día recuerdo unos fragmentos. Recuerdo que nos sacamos unas fotos, nos abrazamos, hablamos, reímos. Por alguna razón que desconocía, quería quedarme, seguir pasando el día con el. Me sentía como vacía, pero volví.
Era como un amigo cibernético. Yo moría por hablar, por lo menos, cinco minutos con el. Era obvio que de mi no iba a nacer. De el tampoco. Solamente hablábamos por grupos. Algo sinceramente triste. Pero, a todo esto, no sabía qué era eso que sentía. Era tan boluda que ni eso sabía. Pensar. Ponerme de acuerdo conmigo misma, lo que resultaba difícil. Eso que implica juntar todo y llegar a una solución con la que me pueda conformar. No se cómo lo hice, pero lo logré: Estaba enamorada.
Esa estupidez era lo que no podía ver, lo que me consumía. Era un paso más, pero ¿y ahora qué? Ya había descubierto lo que me quitaba el sueño, pero no sabía cómo seguir y/o cómo reaccionar ante eso. Nunca había estado así. Nunca me había enamorado. Y menos de una persona que me llevaba una cierta cantidad de años. Recurrí a una amiga cercana a los dos. Fue para peor. La terminé perdiendo, por terca. Yo sabía lo que quería y nadie iba a impedírmelo. Pasó un tiempo. Decidí hablar, ya no soportaba más. No podía pensar en todos y no en mi, era algo totalmente carente de lógica. Y así, hablé.
Para mi sorpresa y agrado, todo estaba yendo mejor, y me alegraba. Era sentarse y ver que ya me estaba hablando. Mi felicidad no tenía precio, parecía jamás terminar...
Lo que menos pensé fue que algún día iba a querer verme. Me pidió que nos encontremos, yo no dude. El problema era que me dejaran, por ser tan chica. Quería verlo cueste lo que me cueste. Era eso y nada más. Al saber que sí pude encontrarme, mi felicidad aumentó el doble. Esperé muy ansiosa toda la semana, que parecía no pasar más. Quería que llegara el día y que el tiempo se pare ahí.
El día había llegado. Me levanté con una sonrisa en la cara, esperando la hora para ir a buscarlo a la estación de trenes. Desde temprano, me bañé y preparé mis cosas. No fui muy complicada al momento de elegir qué ponerme. Solamente quería vestirme linda. No fue precisamente lo que hice al ponerme una camisa, con un jean y unas zapatillas gigantes. En fin, ya estaba vestida. Fui al peor lugar, pero ahí lo iba a ver, no tenía otra opción. En el colectivo, ya iba pensando en cómo sería el encuentro, cómo sería el día, cómo la íbamos a pasar. Subí las escaleras, recorrí el amplio pasillo y pude divisarlo: alto, de pelo rubio, sencillo, con su mochila y remera negras, junto con un jean. Me vio. Corrí y lo abracé. Fue muy tierno. También, algo muy de película. Durante la vuelta en el colectivo, nos sentamos y hablamos todo el camino. Recuerdo el momento en el que entramos a mi casa hablando sobre Churros con queso Roquefort. No se en qué pensábamos al decir eso. Pero fue un lindo momento, al fin de todo. Comimos, jugamos, hablamos. Al momento de hablar, nos sentamos en dos sillas frente a la computadora.

- ¡Así es como me quiero cortar el pelo! -dije mientras me puse atrás de el para mostrarle una imagen de un personaje con pelo corto (Yo lo tenía largo hasta la cadera)-.
- ¿Decís? No se, por ahí te quede lindo.
- Jajaja, sería mi sueño hecho realidad. Apoyé mis brazos en el respaldo de su silla, a lo cual respondió agarrando mis brazos, rodeándolos por su cuello, como dándole un abrazo desde atrás. Hicimos silencio por un rato, hasta que se comenzó a tornar incómodo.
- ¿Qué pasa? -me animé a decir- ¿Extrañás a tu novia? Jajaja.
- ¿Qué novia? Yo no tengo novia -dijo, con un tono de voz más sensual y lento-
- Si que tenés, con la que te casaste por Facebook.
- No, te equivocás. Yo no estoy con nadie, ya te dije que es una amiga, jajaja. ¿Celos?
- Mmm...Puede ser... -dije, quedándome casi sin palabras-.
- Mirá vos...
- ...

El silencio incomodo volvió. Hasta que...

- ¿Y vos querés estar conmigo?

Al escuchar eso, me quedé realmente sorprendida y regulando. Fue muy inesperado. No pensé que algún día me lo iba a proponer.

- ...Obvio -contesté casi sin poder hablar-.

Estaba muy feliz. Quería gritarlo. Por suerte, pude controlarme. A esta conversación se le sumó un largo abrazo. Muy largo abrazo. Lo siguió una mirada fija y un beso algo apasionado.

Empezó mi condena.