Cuando te fuiste, dejé que te vayas. No te pude retener. No querías quedarte. Me dejaste y te llevaste muchas cosas que me pertenecen. Te llevaste hasta mi inconsciente. Me dejaste con lo puesto y recuerdos en algún espacio. Te fuiste. Pero seguís apareciendo. Te veo en cada canción que escucho, en cada sueño que tengo, en cada capítulo que leo, en cada cuerda que toco, en cada rincón de mi cuerpo. Te proyecto aunque no lo quiera. No puedo secar los recuerdos frescos. No puedo sacarte. Sólo puedo pensarte bien.
Pero, ¿cuándo voy a estar del todo bien? ¿Cuándo vas a desaparecer de mi rutina? ¿Cuándo se van a secar los recuerdos? Es difícil y tengo miedo. Te fuiste y me dejaste con miedo. Me dejaste con lo que no pasó. Y no voy a poder hacer nada. Sólo limitarme y esperar que el viento cálido del Verano seque todo lo que está relacionado a vos y quede en algún espacio de mi ser con otros recuerdos. Con otras hojas que ya se cayeron del árbol que me conforma.